Principales motivos de consulta
2016, vol. 9, nº 2
Anafilaxia en la infancia
Autores: Juliá Benito J. C1, Guerra Pérez MT2, Praena Crespo M3
1 CS Integrado Alzira II. Valencia (España).
2 CS San Telmo, Jerez de la Frontera. Cádiz (España).
3 CS La Candelaria. Sevilla (España).

PUNTOS CLAVE

  • Es fundamental realizar un diagnóstico de sospecha en el momento agudo y administrar el tratamiento adecuado a la mayor brevedad posible.
  • La causa más frecuente en Pediatría son los alimentos: leche, huevos, frutos secos, pescado y marisco.
  • Si se asocia con asma alérgico las reacciones pueden ser de mayor gravedad.
  • Los síntomas aparecen en las dos primeras horas de la exposición al alérgeno.
  • Aunque los síntomas cutáneos suelen ser los primeros en aparecer y son los más frecuentes, hasta en un 20% de los casos pueden no presentarse.
  • Un 20% de los casos pueden presentar reacciones bifásicas que aparecen entre las 4-12 horas del inicio de los primeros síntomas.
  • En los niños los síntomas respiratorios y digestivos son los más frecuentes.
  • Ante la sospecha de anafilaxia debemos administrar adrenalina intramuscular de modo precoz y valorar la respuesta.
  • La dosis de adrenalina intramuscular es de 0,01 mg/kg de peso, hasta un máximo de 0,3 mg en los niños.
  • En toda anafilaxia hay que prescribir al menos un dispositivo de adrenalina autoinyector que deberá ir siempre con el niño.
  • Todo el entorno del niño (familiares, cuidadores, profesores, etc.) deben ser adiestrados en el manejo de los autoinyectores de adrenalina.

RESUMEN

La anafilaxia en la infancia es una enfermedad grave, potencialmente mortal, que precisa ser diagnosticada y recibir tratamiento de modo inmediato por parte del pediatra. La principal causa de anafilaxia en la infancia es la alergia a los alimentos. Su diagnóstico es fundamentalmente clínico y se debe sospechar cuando, de modo agudo, en minutos o pocas horas, aparecen en un niño manifestaciones cutáneas (urticaria/angioedema) acompañadas de manifestaciones respiratorias y/o circulatorias. Ocasionalmente la clínica cutánea puede no aparecer, lo cual dificulta el diagnóstico. El tratamiento de elección es la administración precoz, ante la sospecha, de adrenalina intramuscular en la cara externa del muslo. En la edad pediátrica no existe ninguna contraindicación para el uso de adrenalina ante un caso de anafilaxia. La administración de cualquier otro tratamiento no es prioritaria y su uso dependerá de la evolución de la anafilaxia y siempre después de haber administrado adrenalina intramuscular. Todo niño con anafilaxia deberá acudir a un hospital, aunque haya mejorado o revertido su anafilaxia tras la adrenalina, y permanecerá unas horas en observación. Será dado de alta con un informe escrito en donde se especifiquen los posibles desencadenantes del cuadro y cómo evitarlos, y se le prescribirá al menos un autoinyector de adrenalina adecuado a su peso. Deben ser instruidos, tanto el niño como su familia y cuidadores, en el manejo del autoinyector de adrenalina al alta y posteriormente de modo regular por su pediatra por medio de simuladores. Siempre tiene que ser remitido para valoración y estudio a un especialista en Alergia Infantil.

INTRODUCCIÓN

La anafilaxia es una urgencia médica que puede afectar a pacientes de cualquier edad, por lo que todos los profesionales de la salud deberían estar familiarizados en su manejo. Sorprendentemente no existe una definición de anafilaxia universalmente admitida, ni existe un acuerdo sobre su diagnóstico ni la graduación de la gravedad. Debido a ello, se la reconoce con dificultad y en muchas ocasiones no se trata de manera adecuada ni con la rapidez que requiere.

Actualmente se acepta la definición de anafilaxia como “una reacción grave de hipersensibilidad generalizada o sistémica, potencialmente mortal, caracterizada por el rápido desarrollo de obstrucción de la vía aérea o afectación de la circulación, generalmente acompañada de alteraciones de la piel y mucosas”1, aunque muchos autores optan por una definición más amplia y breve: “la anafilaxia es una reacción alérgica grave de instauración rápida y potencialmente mortal”2.

En el último Consenso Internacional (ICON) sobre anafilaxia se hace mención concreta al término, indicando que es preferible utilizar anafilaxia y no shock anafiláctico, pues no es necesario que este aparezca para diagnosticar anafilaxia. Igualmente se desaconsejan otros términos como reacción alérgica, reacción alérgica aguda, reacción alérgica mediada por IgE reacción anafilactoide, etc.3.

Es fundamental realizar un diagnóstico de sospecha en el momento agudo y administrar el tratamiento adecuado a la mayor brevedad posible. Posteriormente, será esencial realizar un diagnóstico etiológico, hacer un seguimiento adecuado y educar al niño y su familia ante posibles nuevos episodios.

Con el fin de conseguir una definición clínicamente útil se ha consensuado un conjunto de criterios que facilitan el diagnóstico de la anafilaxia (Tabla 1) y su manejo2. Con estos criterios se consigue englobar a más del 95% de los casos de anafilaxia.

Tabla 1. Criterios clínicos para el diagnóstico de anafilaxia2. Mostrar/ocultar

EPIDEMIOLOGÍA

Disponemos de pocos datos sobre la verdadera incidencia de la anafilaxia en la edad pediátrica y también en la población general. La dificultad para conocer la incidencia y prevalencia de la anafilaxia es debida a diversos factores, entre los que se encuentran:

  • La compleja definición, que dificulta su utilización en estudios epidemiológicos.
  • La clasificación (CIE 10), que se centra en el shock anafiláctico y no cubre todas las causas ni casos de anafilaxia.
  • Su inicio súbito e inesperado, que puede variar en gravedad y se puede resolver de manera espontánea.

Todas estas razones hacen que sea una enfermedad infradiagnosticada y que los estudios epidemiológicos subestimen la carga real de la enfermedad.

El resultado de diez estudios europeos sugiere una incidencia de 1,5-7,9 por 100 000 personas/año y muestran un incremento del número de ingresos por anafilaxia en los últimos años. La prevalencia se estima en un 0,3%, siendo la tasa de mortalidad de un 0,01%4.

En la edad pediátrica se está registrando un aumento de los ingresos hospitalarios por anafilaxia principalmente en niños menores de 3-4 años y en adolescentes y adultos jóvenes5. El 57% de los episodios ocurren en el hogar, el 21% al aire libre, el 5% en restaurantes, el 3% en el consultorio médico, el 4% en hospitales y el 1% en la escuela6.

La mortalidad por anafilaxia es poco frecuente e incide principalmente en adolescentes y adultos jóvenes, sobre todo cuando la causa es alimentaria.

ETIOLOGÍA

La etiología de la anafilaxia varía según la edad. Los alimentos son la causa más frecuente de anafilaxia en los niños, y su asociación con asma alérgico es un factor de riesgo importante y agravante. Otras causas menos frecuentes son los fármacos y las picaduras de himenópteros (abeja, avispa) (Tabla 2)4.

Los alimentos implicados en la anafilaxia dependen de los hábitos de consumo de la zona geográfica en que nos encontremos. En Europa, la leche, el huevo, los frutos secos y el marisco son los principales alimentos responsables, mientras que en Estados Unidos el cacahuete es el alimento que produce anafilaxia con más frecuencia.

Tabla 2. Etiología de la anafilaxia en la infancia4. Mostrar/ocultar

CLÍNICA

Las manifestaciones clínicas de la anafilaxia dependen de los órganos o sistemas afectados (Tabla 3), siendo tan amplias que pueden dificultar su diagnóstico. Los signos y síntomas de anafilaxia aparecen en las dos primeras horas de la exposición al alérgeno, generalmente en los primeros 30 minutos en caso de alergia alimentaria y más precozmente en caso de medicamentos intravenosos o picaduras de himenópteros.

Tabla 3. Signos y síntomas de anafilaxia. Mostrar/ocultar

El prurito palmoplantar, del cuero cabelludo y de los pabellones auriculares puede ser un signo incipiente de anafilaxia. Algunos pacientes refieren tener la sensación de “muerte inminente”.

Los síntomas pueden ocurrir en cualquier orden, aunque los cutáneos suelen ser los primeros en manifestarse y están presentes en la mayoría de los casos7. En un estudio reciente, de una cohorte de 2012 pacientes adultos y niños con anafilaxia, la piel era el órgano más frecuentemente afectado (84%), seguido de los síntomas cardiovasculares (72%) y los respiratorios (68%)8. En ocasiones, si la progresión es muy rápida los síntomas cutáneos pueden no estar presentes al comienzo de la anafilaxia, ser muy leves y transitorios e incluso estar ausentes en un 18% de los casos9. Los síntomas respiratorios ocurren más frecuentemente en niños y los cardiovasculares predominan en adultos. Ambos son los que pueden poner en peligro la vida del paciente en una anafilaxia. Los síntomas gastrointestinales como náuseas, vómitos, dolor abdominal y diarrea pueden asociarse también a anafilaxia. Las manifestaciones neurológicas son mucho menos frecuentes.

En los lactantes, el diagnóstico clínico puede resultar todavía más difícil porque no pueden expresar muchos de los síntomas iniciales (prurito, odinofagia, sensación de muerte…) y otros síntomas más habituales a estas edades, como regurgitaciones y deposiciones blandas, son poco específicos. En ellos es típica la presencia de intensa irritabilidad. Habitualmente se trata del primer episodio de anafilaxia, por lo que, si no tenemos un alto índice de sospecha, puede pasar desapercibida10.

Hasta en un 20% de los casos de anafilaxia se pueden presentar reacciones bifásicas, es decir, recurrencia de los síntomas. Habitualmente se produce entre 4-12 horas del inicio de los síntomas y pueden ser incluso más graves, afectando generalmente a los mismos órganos que la reacción inicial. Aunque no existen datos que nos orienten a su aparición, un retraso en la administración de adrenalina o una administración insuficiente pueden incrementar el riesgo de reacciones bifásicas.

DIAGNÓSTICO

El principal problema para el diagnóstico es el desconocimiento de la enfermedad y, por lo tanto, no pensar en ella como diagnóstico diferencial cuando nos encontramos con una clínica sugerente. El diagnóstico de anafilaxia es fundamentalmente clínico y debe realizarse de manera precoz, pues nos encontramos ante una enfermedad potencialmente fatal que requiere un tratamiento inmediato. Debe comenzar con una historia clínica meticulosa y breve, dirigida principalmente a los antecedentes de alergia, atopia, asma, ingesta de nuevos alimentos, medicaciones o posibles picaduras de insectos. Hay que tener en cuenta que la anafilaxia puede ser la primera manifestación de una alergia, por lo que la falta de antecedentes no excluye su diagnóstico.

Lo que dificulta el diagnóstico es la no existencia de ningún signo o síntoma patognomónico. Es común la rápida progresión en la intensidad y gravedad de los síntomas. En los niños los síntomas respiratorios y digestivos son los más frecuentes. En la sospecha clínica siempre hay que tener en cuenta que la alergia alimentaria es la causa más frecuente de anafilaxia en Pediatría y que la atopia aumenta el riesgo de anafilaxia.

Se han establecido unos criterios clínicos para facilitar el diagnóstico de anafilaxia (Tabla 1)2. Debemos sospechar anafilaxia cuando de forma aguda en minutos o pocas horas aparece un síndrome rápidamente progresivo que afecta a la piel y/o mucosas y que se acompaña de un compromiso respiratorio y/o circulatorio (criterio 1). Un 80% de las anafilaxias cursan con sintomatología cutánea y son diagnosticadas en base a este criterio. Hasta un 20% de episodios de anafilaxia cursan sin sintomatología cutánea y son más difíciles de identificar. La concurrencia de una exposición a un alérgeno potencial para el paciente junto con la afectación de al menos dos órganos o sistemas (criterio 2) o de un alérgeno conocido para el paciente con cuadro de hipotensión (criterio 3) es sugestivo de anafilaxia. Con estos criterios se identifican más de un 95% de las anafilaxias.

Diagnóstico de laboratorio

Todas las guías y consensos coinciden en que las pruebas de laboratorio no son útiles para el diagnóstico de la anafilaxia en el momento de la presentación. La medición de los marcadores biológicos tarda unas horas y los resultados no están disponibles para valorar la urgencia3.

De todos modos, la medición de triptasa sérica es una prueba muy útil que puede ayudar a confirmar el diagnóstico y debe solicitarse ante la sospecha clínica de anafilaxia, aunque esto nunca debe hacernos demorar el tratamiento. La triptasa sérica es un mediador que se encuentra principalmente en los mastocitos y en menor medida en los basófilos. Se eleva a los 15 minutos del inicio de los síntomas, alcanzando su valor máximo a los 60-90 minutos, y permanece elevada hasta 6-9 horas después. Es recomendable la extracción de un mínimo de tres muestras seriadas para conseguir una mayor sensibilidad y especificidad: en el momento del diagnóstico, a las dos horas del inicio y a las 24 horas para tener un nivel basal del paciente. La concentración normal de triptasa total en suero es inferior a 13,5 μg/l y una elevación de al menos dos veces el valor basal es sugestiva de anafilaxia. Hay que tener en cuenta que un valor normal de triptasa no descarta la anafilaxia, pues en la desencadenada por alimentos, que es la más frecuente en niños, las principales células implicadas son los basófilos, que tienen menor cantidad de triptasa que los mastocitos, por lo que puede ocurrir que no esté elevada.

La determinación de histamina tiene menor utilidad en el diagnóstico, pues alcanza su pico a los 5-10 minutos del comienzo de los síntomas y a los 60 minutos su valor vuelve a cifras basales, por lo tanto su uso en la práctica clínica habitual es prácticamente imposible (Figura 1).

Figura 1. Niveles de triptasa e histamina en el curso de una anafilaxia. Mostrar/ocultar

Diagnóstico diferencial

Cuando tenemos el antecedente reciente de una exposición a un alérgeno, conocido o no, en un niño con manifestaciones cutáneas presentes, el diagnóstico es fácil de sospechar. Sin embargo, el problema está cuando no podemos obtener datos de la historia clínica del niño o faltan las manifestaciones cutáneas, en estos casos la anafilaxia puede asemejarse a otras enfermedades que cursan con afectación respiratoria y/o cardiovascular (Tabla 4).

Tabla 4. Diagnóstico diferencial de la anafilaxia. Mostrar/ocultar

TRATAMIENTO

Ante una sospecha de anafilaxia, porque el niño cumple uno de los tres criterios diagnósticos (Tabla 1), se debe administrar inmediatamente adrenalina intramuscular e incluso en niños con historia previa de anafilaxia, aunque no cumplan de modo estricto los criterios diagnósticos, deberemos administrar adrenalina como tratamiento inicial y valorar la respuesta. Posteriormente, en base a la misma, se aplicarán otros tratamientos.

Además, como cualquier urgencia vital, la anafilaxia precisa de una rápida evaluación de la vía aérea, respiración y circulación, y la realización de las medidas médicas necesarias para su mantenimiento. Es necesario también solicitar ayuda si no estamos en un centro sanitario, poner al niño en una posición adecuada y retirar el alérgeno si es posible.

Todos los centros sanitarios deberían disponer de un protocolo de actuación para el manejo inicial de la anafilaxia11,12 (Figura 2).

Figura 2. Protocolo de actuación en anafilaxia11. Mostrar/ocultar

Todo niño que presente un episodio de anafilaxia, incluso si responde favorablemente al tratamiento, debe ser remitido a un centro hospitalario por la posibilidad de recurrencia de los síntomas y para garantizar un periodo de observación.

Adrenalina

Es el fármaco de elección en el tratamiento de la anafilaxia y debe administrase siempre lo más precozmente posible, antes que cualquier otra medicación, pues es el único fármaco que puede salvar la vida del paciente11. Sin embargo, es un fármaco infrautilizado por los médicos y los autoinyectores de adrenalina apenas se prescriben en la práctica pediátrica habitual.

Su efecto α-adrenérgico aumenta la resistencia vascular periférica, mejorando la hipotensión, aumentando el flujo coronario y reduciendo la urticaria y el angioedema, mientras que su efecto β-adrenérgico produce broncodilata­ción, aumenta el ritmo y la contracción cardiaca (mejora la hipotensión) y reduce la liberación de mediadores inflamatorios13.

En Pediatría no existen contraindicaciones absolutas para el uso de adrenalina, pues los niños no suelen sufrir comorbilidades significativas. De cualquier modo, los beneficios siempre superan a los riesgos en una situación de anafilaxia.

La vía de elección para su administración es la intramuscular, en la parte anterolateral del músculo vasto externo (muslo). Su biodisponibilidad es rápida con concentraciones máximas en pocos minutos y con un mejor perfil de seguridad y duración de su acción que la vía subcutánea e intravenosa. Es conveniente advertir al niño que en ocasiones puede producir ansiedad, mareo, palidez, temblor, palpitaciones y cefalea.

La adrenalina intramuscular debe administrase a una dosis de 0,01 mg/kg peso de la concentración 1:1000 (1 mg = 1 ml), hasta una dosis máxima en Pediatría de 0,3 mg. Esta dosis puede repetirse a los 5-10 minutos si es necesario. Estas dosis son las que deben administrarse en un centro sanitario, pero para otras situaciones fuera del ámbito sanitario se disponen de autoinyectores de adrenalina precargada. En nuestro país disponemos de dispositivos de 0,15 mg y 0,30 mg.

La vía intravenosa está indicada en niños con anafilaxia grave que no responde a dosis repetidas de adrenalina intramuscular. Debe administrarse en medio hospitalario bajo monitorización y preferentemente en una Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos (UCIP) por el riesgo de efectos secundarios (hipertensión, isquemia miocárdica y arritmias). Puede administrarse en bolos de 0,01 mg/kg hasta un máximo de 0,3 mg de la dilución 1:10 000 en perfusión continua a dosis de 0,1 μg/kg/minuto. Si no es posible conseguir una vía venosa, se puede administrar por vía intraósea a las mismas dosis.

La adrenalina nebulizada a dosis de 0,5 ml/kg (máximo 5 ml) de la solución 1/1000 puede utilizarse en caso de que el niño presente un importante estridor laríngeo, siempre junto a la administración parenteral de la adrenalina.

Otras medidas

Broncodilatadores

Los broncodilatadores deben utilizarse siempre que el niño presente broncoespasmo, además de la adrenalina. Se debe usar un β2-agonista de acción corta como el salbutamol nebulizado. La dosis es de 0,15 mg/kg, hasta un máximo de 5 mg, diluidos en 2-3 ml de suero fisiológico, pudiéndose repetir a los 15-20 minutos. La vía subcutánea se reserva para casos que no pueda utilizarse la vía inhalada. La asociación de bromuro de ipratropio puede ser útil en niños asmáticos, en dosis de 250 μg en niños de hasta 40 kg de peso, y de 500 μg para pesos superiores.

También puede administrase el salbutamol inhalado con MDI más cámara, cuatro pulsaciones cada diez minutos, si las condiciones del niño lo permiten14.

Antihistamínicos

Los antihistamínicos son utilizados comúnmente en la anafilaxia, pero diferentes estudios demuestran que solo son eficaces para aliviar los síntomas cutáneos15, por lo que su uso aislado resulta insuficiente.

El único antihistamínico disponible por vía parenteral en nuestro país es la dexclorfeniramina, equivalente a la clorfeniramina aconsejada en guías anglosajonas. Se puede utilizar por vía intravenosa, intramuscular o subcutánea, pero se aconseja siempre una administración lenta para evitar efectos secundarios. La dosis inicial de dexclorafeniramina (Polaramine®, una ampolla = 5 mg) es de 0,15-0,30 mg/kg/dosis, hasta un máximo de 5 mg/dosis, y posteriormente puede repetirse cada 6-8 horas, hasta una dosis máxima diaria de 18 mg.

También pueden administrase por vía oral, si la situación lo permite, para el alivio de los síntomas cutáneos.

Corticoides

Los corticosteroides pueden ser útiles para prevenir los síntomas prolongados de la anafilaxia. En niños con asma asociada, el tratamiento precoz con corticosteroides resulta beneficioso y también puede prevenir la aparición de reacciones bifásicas. Sin embargo, tienen un comienzo de acción lento.

Puede utilizarse la hidrocortisona, por vía intravenosa o intramuscular, que tiene un comienzo de acción más rápido que otros corticoides. Su administración debe realizarse lentamente a dosis de 10-15 mg/kg/dosis, hasta un máximo de 500 mg y puede repetirse cada seis horas.

Otra opción es la metilprednisolona a dosis de 1-2 mg/kg/dosis hasta un máximo de 125 mg, y posteriormente 1-2 mg/kg/día, distribuidos en tres o cuatro dosis (es decir, cada ocho o seis horas).

Dosis altas de budesonida inhalada pueden ser eficaces para edema de vía aérea, por lo que se aconseja su uso en niños con estridor.

Oxígeno

Debe administrase de forma precoz, sobre todo si presenta síntomas respiratorios o hipotensión. Se deben utilizar mascarillas (tipo Venturi) a alto flujo (10-15 l/min) con fracción inspiratoria de oxígeno en el aire inspirado (FiO2) del 50-100% con el objetivo de mantener la saturación de oxígeno por encima del 95% y evitar el colapso de la vía aérea.

Glucagón

Los niños en tratamiento con beta-bloqueantes pueden ser resistentes al tratamiento con adrenalina, y desarrollar hipotensión refractaria y bradicardia prolongada. En estos casos está indicada la administración de glucagón debido a que su acción inotrópica y cronotropa no está mediada por los receptores beta-adrenérgicos16.

Se debe administrar a dosis de 20-30 μg/kg, hasta un máximo de 1 mg, por vía intravenosa o intramuscular, pudiendo repetirse a los 5 minutos o seguida de una infusión a 5-15 μg/minuto. Los efectos secundarios más frecuentes son náuseas y vómitos, por lo que precisa protección de la vía aérea.

Atropina y fármacos vasopresores

La atropina está indicada en caso de bradicardia prolongada, a dosis de 0,02 mg/kg. En niños con hipotensión refractaria, a pesar de la administración de adrenalina y reposición de volumen, está indicado el tratamiento con dopamina a dosis de 5-20 μg/kg/minuto. Si no hay respuesta se puede utilizar dobutamina, noradrenalina o vasopresina.

Reposición de líquidos

En la anafilaxia se produce un incremento de la permeabilidad vascular y como consecuencia una extravasación de plasma al espacio intersticial, por lo tanto, se requiere la administración de fluidos de modo precoz.

Ante la persistencia de hipotensión tras administrar adrenalina, se asume que existe una depleción intravascular y se debe reponer volumen con suero salino fisiológico en bolo de 20 ml/kg, que se puede repetir cada 5-10 minutos hasta un máximo de 60 ml/kg hasta normalizar la tensión, y si no remonta se debe repetir la dosis de adrenalina; si no mejora habrá que utilizar fármacos vasopresores.

Alta hospitalaria

Todo niño que haya presentado una anafilaxia debe permanecer en observación hospitalaria durante al menos seis horas tras la resolución, debiendo ser ese tiempo más prolongado e individualizado si presentan síntomas refractarios o tiene antecedentes de reacciones bifásicas, en caso de anafilaxia grave, asma previa con broncoespasmo grave, si el niño vive muy alejando del centro hospitalario o en situaciones en las que la exposición al alérgeno pueda repetirse con facilidad.

Una vez resuelto el cuadro y tras el periodo de observación pertinente, el niño puede recibir el alta hospitalaria con una serie de recomendaciones (Tabla 5), entre las que destaca la prescripción de autoinyectores de adrenalina, el adiestramiento en su manejo del niño y familiares o cuidadores, y adjuntar un plan de acción por escrito donde se especifiquen claramente los desencadenantes de anafilaxia (si se conocen).

Tabla 5. Recomendaciones tras alta de cuadro anafilaxia. Mostrar/ocultar

PRESCRIPCIÓN DE AUTOINYECTORES DE ADRENALINA (AIA)

Actualmente en nuestro país están comercializados autoinyectores con dos tipos de dosis fijas: 0,15 mg y 0,3 mg de adrenalina, por lo tanto, la dosis a administrar en muchos casos no podrá adecuarse de modo preciso a la recomendada (0,01 mg/kg). Resulta razonable la prescripción de dosis de 0,15 mg para niños de entre 10 y 25 kg y la dosis de 0,3 mg para niños con más de 25 kg de peso17.

Todo niño que haya sufrido una anafilaxia deberá estar provisto de AIA, para que los padres, cuidadores o el propio niño pueda administrarlo de modo inmediato en caso de necesidad. Aunque no hay datos sobre el número de autoinyectores que se debería prescribir, hasta un tercio de las anafilaxias han precisado más de una dosis de adrenalina, por lo que es aconsejable prescribir dos autoinyectores11,18, que deberán estar siempre en donde esté el niño. Deben darse instrucciones claras sobre cuándo y cómo se debe de utilizar el dispositivo, recalcando la importancia de su uso precoz para poder controlar la anafilaxia. En la Tabla 6 se recogen las indicaciones para su prescripción según aconseja un consenso de expertos11.

Tabla 6. Indicaciones para la prescripción de autoinyectables de adrenalina. Mostrar/ocultar

Se debe administrar por vía intramuscular en la parte anterolateral del músculo vasto externo, equidistante entre la rótula y la cresta iliaca (Figura 3). En niños obesos, la longitud de la aguja puede resultar insuficiente para llegar hasta el músculo, por lo que habrá que buscar una zona con menos panículo adiposo.

Figura 3. Forma de administración de la adrenalina autoinyectable14. Mostrar/ocultar

ESTUDIO ALERGOLÓGICO

Todo niño que haya presentado un episodio de anafilaxia debe ser remitido al alergólogo pediátrico de forma preferente, para identificar la causa y diseñar un plan de acción que minimice el riesgo futuro de presentar otros episodios. Hasta ese momento, hay que instruir al niño, familiares y cuidadores sobre cuáles son los posibles agentes responsables de la anafilaxia y qué debe evitar.

Además de las normas de evitación del alérgeno responsable de la anafilaxia en los casos de alergia a picaduras de himenópteros se podrá indicar inmunoterapia específica, y, en la alergia a alimentos como leche o huevo, realizar una inducción a la tolerancia oral o desensibilización.

EDUCACIÓN DEL NIÑO Y SU ENTORNO

Hay que adoptar una serie de medidas dirigidas a prevenir y minimizar el riesgo de anafilaxia; además el niño y su familia deben de ser instruidos en identificar de modo precoz los signos y/o síntomas que sugieren el inicio de una anafilaxia para poder iniciar el tratamiento pautado en su plan de acción.

Instrucción en el manejo de autoinyector de adrenalina

Debe realizarse al niño y su entorno: familia, cuidadores, profesores, etc. Es importante que se refuerce de modo frecuente con demostraciones prácticas con simuladores que todo pediatra debe tener en su consulta. Hay que recordar que deben comprobar la caducidad del autoinyector e insistir en que siempre debe acompañar al niño donde quiera que vaya. Es mejor llevar dos AIA y en lactantes o niños de peso inferior a 10 kg debemos prescribir un vial de adrenalina (Adrenalina B Braun solución inyectable 1 mg/1 ml) con una jeringuilla aparte. En este caso se carga la dosis según el peso del niño y siempre se hay que comprobar que la familia lo entiende y hace correctamente.

Existen también unas jeringas precargadas, Adrenalina Level® (1 mg/1 ml), que puede utilizarse si no se dispone de un autoinyectable, pero hay que tener en cuenta que no puede administrarse en niños con un peso inferior a 20 kg, ya que el volumen mínimo que permite dosificar la jeringa es de 0,2 ml.

Cuando ocurra una reacción anafiláctica siempre se debe acudir a un centro de urgencias médicas, tras la utilización de un autoinyector de adrenalina.

Alérgeno responsable

Se debe proporcionar información sobre el alérgeno responsable, e informar de cómo identificarlo y evitarlo, además de otros con los que pueda tener reacción cruzada. Hay que animar a contactar con asociaciones de alérgicos que proporcionan información sobre alérgenos ocultos, composición alimentos, etiquetado, normas evitación picaduras, etc.

Identificación del niño

Se debe aconsejar llevar un distintivo, tipo placa o brazalete, que indique su riesgo de padecer anafilaxia y los alérgenos responsables.

Actualmente existe el código QR (QR Code), que los niños pueden llevar en una pulsera o llavero con toda la información médica que se haya cargado y puede ser leída por cualquier persona en caso de urgencia simplemente con un dispositivo de teléfono móvil que tenga la aplicación QR.

CUADERNO DEL PEDIATRA

La anafilaxia es una reacción alérgica grave de instauración rápida y potencialmente mortal.

Diagnóstico:

  • Manifestaciones clínicas: síntomas cutáneos como urticaria y angioedema, junto con la afectación de otros sistemas como el respiratorio, cardiovascular o digestivo.
  • Afectación de dos o más órganos o sistemas.
  • No es necesario que aparezca compromiso cardiovascular.

Tratamiento: la adrenalina i. m. es el tratamiento de elección. Dosis: 0,01 mg/kg. Se puede repetir en 5-10 m si no hay mejoría. Tras su administración derivar a un Servicio de Urgencias hospitalario. Adrenalina autoinyectable:

  • JEXT/ALTELLUS 0,15 mg desde 10 kg hasta 25 kg de peso.
  • JEXT/ALTELLUS 0,30 mg a partir de 25 kg de peso.

En lactantes y niños de peso inferior a 10 kg se prescribe un vial de adrenalina (Adrenalina Braun®), que se cargará en una jeringuilla ajustando la dosis según el peso del niño. Se debe hacer una demostración a los padres y/o familiares en la consulta para asegurar la dosificación correcta. Además:

  • Salbutamol nebulizado: 0,15 mg/kg hasta máximo de 5 mg con 2 cc se suero fisiológico.
  • Corticoides: metilprednisolona 1-2 mg /kg dosis inicial.
  • Antihistamínicos: cetirizina:
    • 6 m -23 m: 2,5 mg/24 h.
    • 2-5 años: 2,5 mg-5 mg/24 h.
    • 5-10 años: 5 mg-10 mg/24 h.
    • > 30 kg: 10 mg/24 h.

Derivación: todo niño que ha presentado un cuadro de anafilaxia debe derivarse al alergólogo pediátrico y ser valorado por este de forma preferente.

Prevención: información educación a la familia de normas de evitación de los alérgenos causantes, así como de los alérgenos ocultos y cofactores (ejercicio físico, asma). Informe para centro escolar y otras actividades extraescolares. Asegurarse de que tienen dos autoinyectores de adrenalina, que lo llevan consigo en cualquier momento, así como de su correcto manejo (practicar con simuladores en consulta con relativa frecuencia).

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  14. Cardona V, Cabañes N, Chivato T, Guardia P, Fernández M, Freijó C, et al. Guía de actuación en anafilaxia: GALAXIA. En: Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica [en línea] [consultado el 10/06/2016]. Disponible en: http://www.seaic.org/profesionales/galaxia
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LECTURAS RECOMENDADAS

  • Echeverría LA, del Olmo MR, Santana C. Anafilaxia en Pediatría. Protocolos diagnósticos y terapeúticos en Pediatría. En: Asociación Española de Pediatría [en línea]. [consultado el 10/06/2016]. Disponible en: http://www.aeped.es/documentos/protocolos-alergologia-e-inmunologia-clinica

    Excelente y actualizada revisión de la anafilaxia en la edad pediátrica.

  • Cardona V, Cabañes N, Chivato T, Guardia P, Fernández M, Freijó C, et al. Guía de actuación en anafilaxia: GALAXIA. En: Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica [en línea] [consultado el 10/06/2016]. Disponible en: http://www.seaic.org/profesionales/galaxia

    Es la única guía consensuada por cuatro sociedades médicas sobre la actuación en anafilaxia en España. De muy fácil lectura, es imprescindible tenerla en la consulta.

  • Murano A, Roberts G, Worm M, Bilô MB, Brockow K, Fernández Rivas M, et al. Anaphylaxia: guidelines from the European Academy of Allergy and Clinical Immunology. 2014;69:1026-45.

    Se trata del último documento de posición sobre la anafilaxia realizado por el Grupo de Alergia Alimentaria y Anafilaxia de la European Academy of Allergy and Clinical Immunology (EAACI).

Cómo citar este artículo

Juliá Benito J. C, Guerra Pérez MT, Praena Crespo M. Anafilaxia en la infancia . Form Act Pediatr Aten Prim. 2016;9;60-70