La infección por SARS-CoV-2 (COVID-19) tiene una incidencia bastante similar en adultos que en niños, pero en estos suele ser muy leve y, a menudo, asintomática. La razón por la que esto ocurre tiene actualmente en la literatura científica varias teorías:
No obstante, se ha descrito una complicación muy rara justo en este sector de población. Se ha denominado síndrome inflamatorio multisistémico en niños (SIM-PedS) asociado a la infección por SARS-CoV-2. Es una entidad patológica que difiere clínica y fisiopatológicamente de la infección por2:
Inicialmente se pensó que había aumentado mucho la incidencia de enfermedad de Kawasaki durante la pandemia de SARS-CoV-2, pero posteriormente se ha comprobado que se trataba de una patología diferente3.
Tiene normalmente un inicio entre 4-6 semanas después de la infección y suele debutar con fiebre alta, disfunción multiorgánica y marcadores de inflamación muy elevados2. Al desarrollarse más tardíamente muchos niños tenían anticuerpos positivos al SARS-CoV-2, pero reacción en cadena de la polimerasa (PCR) negativa en el momento de la evaluación.
En cuanto a la patogenia, presenta características superpuestas con la enfermedad de Kawasaki que sugieren vasculitis y probable etiología autoinmune, pero existe diferencias en cuanto al perfil de citoquinas, biomarcadores y sobre todo un desarrollo de autoanticuerpos muy alta4.
La respuesta al tratamiento con antinflamatorios, inmunoglobulinas e inmunomoduladores confirma la desregulación inmune como causa de esta entidad patológica.
La tasa de mortalidad es aproximadamente del 1%, si bien es bajo, es mucho más alto que la tasa de mortalidad del 0,09% observado en niños con COVID-19 normal.
Parece que la respuesta serológica tras este episodio es similar a la infección por COVID-19 normal, no obstante, parece que la inmunidad preexistente a otros coronavirus diferentes en los niños que han padecido SIM-PedS era menor que en los niños con infección por SARS-CoV-2 normal5.
Para entender la fisiopatología de la enfermedad hay que recordar el funcionamiento del sistema inmune.
El sistema inmunitario humano surge en el embrión a partir del tejido asociado al tubo digestivo. Las células madre hematopoyéticas pluripotenciales aparecen primero en el saco uterino a las 2,5-3 semanas de edad gestacional, emigran al hígado fetal en la 5.ª semana de gestación y después residen en la médula ósea, donde permanecen durante toda la vida. Estas células madre darán finalmente los linfocitos T, B y natural killer K (NK). El desarrollo de los órganos linfáticos secundarios (bazo, ganglios, amígdalas…) acontece poco después. En estos órganos tiene lugar también la diferenciación de los linfocitos. Para este proceso es necesario la interacción de varias moléculas denominadas CD (del inglés clusters of differentiation).
Los componentes principales de las defensas del organismo lo comprenden las barreras anatómicas y el sistema inmunitario innato y adaptativo. La integridad de la barrera anatómica y mucociliar (piel y mucosas) es esencial para la protección frente a las infecciones. Luego el sistema inmunitario innato actúa como primera línea de defensa porque responde de manera rápida e inespecífica. Lo forman las proteínas de fase aguda, los mediadores intercelulares: citocinas o interleucinas (IL), el complemento y los componentes celulares como son los neutrófilos, monocitos, macrófagos y los linfocitos naturales citolíticos o NT. Este sistema funciona reconociendo a través de receptores en sus células patrones moleculares asociados a los patógenos (secuencias de nucleótidos, lipopolisacáridos…). Así se desencadena la liberación de citocinas, quimiocinas, complemento, y se inicia la respuesta inflamatoria aguda y se activa el sistema inmunitario adaptativo. Este está compuesto por los linfocitos T y B y sus moléculas efectoras. Su efectividad se basa en la especificidad por el antígeno patógeno y la generación de células de memoria inmunológica. Los anticuerpos (inmunoglobulinas) son producidos por los linfocitos B y junto con los linfocitos T, sirven para neutralizar toxinas, señalar a los microorganismos patógenos para que sean opsonizados por otras células, matar directamente a las células infectadas y generar las señales necesarias para la formación de los linfocitos B memoria.
Para que este sistema tan complejo funcione tan bien se tiene que desarrollar correctamente la maduración de los linfocitos. En la maduración de los linfocitos T, que tiene lugar en el timo, intervienen, además de las moléculas CD comentadas previamente, la selección positiva. En este proceso se le presentará al receptor del linfocito (TCR) los antígenos del complejo principal de histocompatibilidad (MHC) a través de las moléculas del antígeno leucocitario humano (HLA). Los linfocitos que lo superen se seleccionarán para ser linfocitos T CD4 cooperadores e interactuarán con antígenos de clase II del HLA propios (HLA-DR, DP y DQ), o linfocitos T CD8 citotóxicos, que solo interactuarán con antígenos de clase I del HLA extraños (HLA A, B y C). Si esto no funciona correctamente (son autorreactivos o no detectan antígenos extraños) sufren la selección negativa y apoptosis en la médula.
Paralelamente los linfocitos B se diferencian inicialmente desde las células madre CD34 en el hígado fetal a la médula ósea de las clavículas y los huesos largos. Pasan de prolinfocitos B a prelinfocito B, linfocito B inmaduro, linfocito B maduro o virgen, linfocitos B memoria (CD27) y células plasmáticas que sintetizan y secretan anticuerpos (inmunoglobulinas) específicos frente al antígeno. Existen 5 isotipos de inmunoglobulinas que se definen por sus cadenas pesadas únicas: IgM, IgG (4 subclases), IgA (2 subclases), IgD e IgE. Las IgM, IgG son los únicos isotipos fijadores del complemento. La IgM está sobre todo en el torrente intravascular, IgG está presente en todos los líquidos corporales internos y es la única que atraviesa la placenta. La IgA es la principal protectora de las secreciones externas de los diferentes aparatos de nuestro organismo y la IgE actúa sobre todo en infecciones contra los parásitos y es la responsable de las reacciones alérgicas de tipo inmediato6.
En los diferentes estudios sobre el tema se ha objetivado que en el MIS-C tiene lugar diferencias en las subpoblaciones de células T. Es verdad que dichas subpoblaciones varían en las distintas edades, pero parece existir un patrón en este síndrome que se repite con marcada disminución de linfocitos CD4 vírgenes, células NK y de células B memoria. En cambio, parece existir un aumento desproporcionado de linfocitos CD8 citotóxicos. En otros estudios se describe un aumento de los CD64, CD18 y CD11a implicados en la adhesión y migración leucocitaria4.
Dado el perfil de autoimnunidad que se ha asociado al SIM-PedS con algunas características superpuestas a la enfermedad de Kawasaki, se han estudiado citoquinas y proteínas relacionadas con el daño endotelial. Así como en la enfermedad de Kawasaki existe un claro aumento de la interleuquina IL-17a, del DCBLD2 (ESDN), proteína secretada por células endoteliales y del regulador de la angiogénesis TWEAK, en el SIM-PedS se ha objetivado sobre todo un aumento de las interleucinas IL-6, IL-1 y del factor de necrosis tumoral TNFα4.
La teoría más aceptada últimamente en la patogenia de la enfermedad de Kawasaki reside en la existencia de un agente infeccioso inicial, normalmente rinovirus, enterovirus, parainfluenza u otros coronavirus que desencadenaría un cuadro autoinflamatorio donde intervienen autoanticuerpos que alterar el endotelio vascular. De hecho, hay estudios que indican específicamente el daño contra EDIL3, glicoproteína estructural en las paredes de los vasos arteriales que evita la extravasación de células inflamatorias. En el SIM-PedS curiosamente se ha observado autoanticuerpos frente a la endoglina, proteína expresada por el endotelio vascular del músculo cardiaco más que en otros endotelios, esto justificaría la existencia de más miocarditis y disfunción cardiaca en SIM-PedS que en la enfermedad de Kawasaki8.
Característicamente, a diferencia de la enfermedad por COVID-19 normal, donde suele predominar una clínica más respiratoria con más o menos fiebre, en el SIM-PedS la fiebre alta y la clínica digestiva con dolor abdominal, vómitos, diarrea suele preponderar por encima de otros síntomas. El exantema también se ha descrito hasta en un 30% de los casos9. Pero lo grave de esta entidad es que sin tratamiento suele empeorar hasta presentar claros signos de shock y disfunción multiorgánica con taquicardia e hipotensión9.
En cuanto a la susceptibilidad para este síndrome se ha descrito una mayor incidencia en niños de raza afroamericana o afrocaribeña, niños con serologías negativas a otros tipos de coronavirus y los niños con sobrepeso u obesidad, dado que en el tejido adiposo hay más acúmulo de células inflamatorias, de citoquinas proinflamatorias y se han descrito más receptores para SARS-CoV-2 en él4.
Característicamente en el hemograma encontraremos neutrofilia, linfocitopenia y trombopenia. En la bioquímica se objetiva un aumento de la procalcitonina (PCT) sin infección bacteriana asociada (hemocultivos negativos) y también aumento de otros reactantes de fase aguda como la proteína C reactiva (PCR), ferritina o LDH. Puede existir también hiponatremia, hipoalbuminemia y aumento de las transaminasas.
Como se ha comentado previamente las citoquinas más persistente suele ser la IL-6 y la IL-1. Debido a la disfunción que existe se suele alterar la función cardiaca y por ello se objetiva un aumento del Pro-BNP >200 ng/l y de las enzimas miocárdicas: troponina-1 >14 ng/l y CPK-MB. Se ha descrito la alteración de la coagulación con aumento de los D-dímeros >500 ng/ml y del fibrinógeno >400 mg/dl, pero hay pocos casos pediátricos con COVID-19 con complicaciones tromboembólicas.
Por el dolor abdominal se suele realizar ecografía abdominal y encontrar signos de colitis, ascitis y adenitis mesentérica. A su vez la ecocardiografía se requiere para valoración de la función cardiaca y comprobar o descartar si existe patología coronaria asociada. A diferencia de la Enfermedad de Kawasaki, en el SIM-PedS suele predominar más la disfunción miocárdica que la coronariopatía, pero también se ha descrito alteración coronaria grave en este síndrome. Ambas circunstancias empeoran el pronóstico9.
Como se puede identificar en la Tabla 1, hay varias nomenclaturas para definir el síndrome, son de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y el Royal College of Paediatrics and Child Health (RCPCH). Pero todas hacen referencia a datos clínico-analíticos, positividad para algún tipo de prueba diagnóstica de infección aguda o pasada por SARS-CoV-2 y descartar otras entidades nosológicas que pueden confundirse.
Tabla 1. Definiciones de SIM-PedS de la OMS, los CDC) y el RCPCH9. Mostrar/ocultar
Las pruebas diagnósticas más utilizadas son la reverse-transcriptasa PCR (RT-PCR) y la serología. En todo paciente con sospecha de SIM-PedS se recomienda realizar como mínimo una toma de muestra respiratoria para realización de RT-PCR de SARS-CoV-2. En caso de resultar negativa de inicio, y si existe una sospecha clínica elevada, se recomienda repetir en las 24-48 horas siguientes. Además, se recomienda realizar, al menos, una serología mediante técnica automatizada tanto en pacientes con RT-PCR positiva como negativa. El rendimiento será superior una vez pasados un mínimo de diez días desde el primer signo o síntoma. En el caso de RT-PCR negativa con serología negativa y alta sospecha clínica se recomienda repetir serología a las 3-4 semanas del ingreso hospitalario. Se ha descrito que un 26-55% de los pacientes con SIM-PedS tienen RTPCR positiva y hasta un 90% serología IgG positiva9. Probablemente la rentabilidad de la serología es mayor, dado que este síndrome acontece tras 4-6 semanas de la infección por SARS-CoV-2.
En cuanto al tipo de muestra para realizar RT-PCR es la respiratoria. En general, se acepta que la mayor sensibilidad en la enfermedad por el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) es el lavado broncoalveolar o el aspirado bronquial. Otras muestras aceptables son el frotis nasofaríngeo, el aspirado nasal o el frotis faríngeo. En la serología existen varias técnicas:
Aunque actualmente la prueba rápida de detección de antígeno de SARS-Cov-2 tiene una sensibilidad y especificidad muy alta casi similar a la RT-PCR, para el diagnóstico de sospecha del SIM-PedS se prefiere la realización de la RT-PCR y la serología como se ha comentado previamente4.
En cuanto al diagnóstico diferencial, habría que descartar:
O puede ser incompleto, con 5 días de fiebre + 2-3 criterios. También formaría parte de la forma incompleta el cuadro de fiebre de 7 días sin explicación. Analíticamente, en el Kawasaki normalmente existen marcadores de inflamación elevados (PCR, velocidad de sedimentación globular (VSG) y PCT), leucocitosis con neutrofilia, hiponatremia e hipoalbuminemia, transaminasas elevadas y piuria estéril. En la segunda semana desde el inicio de la fiebre es común la trombocitosis. La coronariopatía es frecuente y característica en la enfermedad de Kawasaki y confirma el diagnóstico8.
Dado que este cuadro es potencialmente grave, se debe realizar el ingreso en un centro que disponga de cardiología pediátrica y Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos (UCIP).
El tratamiento se basa principalmente en administrar volúmenes, antibioterapia e inmunoglobulinas con o sin corticoides. Normalmente se obtiene buena respuesta, pero sino se asocian inmunomodulares para frenar la cascada inflamatoria y tratar de revertir el síndrome. La Tabla 2 resume el tratamiento actual acordado según el Consenso nacional sobre diagnóstico, estabilización y tratamiento del SIM-PedS9.
Tabla 2. Diagnóstico, estabilización y tratamiento del SIM-PedS. Mostrar/ocultar
Revisión de todo el funcionamiento del sistema inmune y como se altera con la enfermedad.
Revisión muy actualizada de toda la fisiopatología de la enfermedad.
Consenso sobre el diagnóstico y manejo del síndrome.